"Juegos de observación"

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  "Juegos de observación" por Nuria Lisistrata    
   

 

 

Todo esto lo tendrás que explorar… asiendo con fuerza

tu antorcha. Por encima de todo, debes iluminar tu

propia alma, sus profundidades y frivolidades, sus

vanidades y sus generosidades y decir lo que significa

para ti tu belleza y tu fealdad y cuál es tu relación con

el mundo siempre cambiante y rodante …

Virginia Woolf. Una habitación propia.

 

Friedrich Dürrenmatt, genial dramaturgo y ensayista suizo, autor de una de las novelas más irónica que he saboreado: ‘Griego busca Griega’, escribió también un relato corto titulado ‘El encargo’, y subtitulado ‘Sobre el observar del observador de los observados’. Y en esa narración, entre otras cuestiones filosóficas y mitológicas, Dürrenmatt plantea un tema bastante sintomático de nuestro tiempo que deseo rescatar a continuación.

Según explica, en la actualidad todas las personas nos sentimos observadas, y este sentirnos observadas, cuando es excesivo, puede terminar provocando reacciones de agresividad contra nuestr@s observadores. Agrega que cada día se inventan métodos más sofisticados de observación; y en vista de que el ser humano intenta sustraerse de esa excesiva observación, termina resultándole sospechoso al observador, que puede ser el Estado observando a sus ciudadan@s, un país observando a otro país, una organización de fundamentalismo político o religioso observando a sus miembr@s y a quienes no pertenecen a sus filas y un largo etcétera con sus respectivos viceversas.

Me parece que una forma de ilustrar este exceso de observación queda plasmado en la película ‘El Experimento’, dirigida por Paul Scheuring y basada en el llamado Experimento de la Cárcel de Stanford que fue realizado en 1971, en la Universidad de Stanford bajo la dirección del investigador Philip Zimbardo. Ahí se muestra la influencia de un ambiente extremo: la vida en prisión, sobre las conductas de personas comunes a las que se dividió en dos grupos: cautivos y guardas. Ambos grupos fueron observados por medio de cámaras de video las veinticuatro horas del día. Y esta excesiva observación se complementó con técnicas que provocaban en los prisioneros la sensación de impotencia y en los guardas las de control y poder.

Al respecto vale transcribir las instrucciones que giró Zimbardo a los guardias en el experimento original: <<Podéis producir en los prisioneros que sientan aburrimiento, miedo hasta cierto punto, podéis crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada por nosotros, por el sistema, vosotros, yo, y de que no tendrán privacidad… Vamos a despojarles de su individualidad de varias formas. En general todo esto conduce a un sentimiento de impotencia. Es decir, en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno>>. Por supuesto que no te voy a contar el final de la película; en cambio, lo que sí voy a hacer es pedirte que si aún no la has visto no perdás la oportunidad de buscarla porque es sumamente reveladora de las posibilidades de reacción del ser humano en circunstancias extremas (o, de sus capacidades de metamorfosis, para ponerlo en palabras de Elias Canetti).

Pero, volviendo a ‘El encargo’ de Dürrenmatt, él también explica que en esta lógica de la observación es necesario considerar la otra posibilidad, y es que si el ser humano sintiera que ha dejado de ser observado por completo, <<…con el tiempo este no-ser-observado acabaría torturándolo más que el ser-observado de antes… al no ser ya observado se sentiría alguien no digno de atención, es decir no respetado, es decir sin importancia, es decir absurdo>>, por eso, según este autor, es que tod@s nos observamos, fotografiamos y filmamos un@s a otr@s, o sea, por miedo al absurdo de la existencia frente a un universo que se dispersa con sus billones de vías lácteas como la nuestra, poblado de millones y millones de planetas iguales al nuestro e irremisiblemente aislados por las inconmensurables distancias; y él se pregunta quién, aparte del mismo ser humano, podría observar al humano para darle algún sentido, ante semejante monstruo de universo.

Según esta tesis de Dürrenmatt, mucho de lo que actualmente ocurre --incluyendo la carrera armamentista-- sería comprensible siguiendo esta pista lógica de la observación y sus efectos. Para él ya no es posible imaginar un Dios personal, pues un Dios así, que fuera rey del mundo y padre; que observara a cada cual y contara cada uno de nuestros cabellos es inimaginable: Ya sólo es concebible un Dios impersonal como principio abstracto, como construcción mental filosófico literaria para otorgarle mágicamente a ese Todo monstruoso algún sentido vago y difuso…pero el entendimiento también es incapaz de imaginar algún sentido fuera del ser humano…pues, todo lo pensable y lo factible: la lógica, la metafísica, las matemáticas, las leyes naturales, las obras de arte, la música, la poesía, todo adquiere sentido sólo a través del humanoya que sin el ser humano todo vuelve a sumirse en lo impensado y, por lo tanto, en lo absurdo, tal y como lo explica el autor en su agudo relato.

Pues bien, resulta que esta novela corta de Dürrenmatt regresó a mi memoria porque he pensado en las consecuencias que tiene la participación libre y espontánea en juegos de mutua observación, asumiendo un papel activo y tratando de ser honest@s en nuestras respuestas (en la medida de nuestras posibilidades y a pesar del auto-engaño que, como se sabe, siempre es una posibilidad más). Para jugar a las observaciones no hay que ir muy lejos, baste el proponernos mantener un auténtico diálogo con otro ser humano. Y cuando menciono la palabra diálogo recuerdo de inmediato el libro de Tzvetan Todorov ‘La conquista de América’ donde él señala: Digan lo que digan, la adición de dos monólogos no es un diálogoy en otro punto agrega que sólo cuando hablo con otra persona no dándole órdenes sino emprendiendo un diálogo le reconozco una calidad de sujeto comparable con el sujeto que yo soy. O sea que se trata de hablar pero también de escuchar a la otra persona, de hacer observaciones y también escuchar las respuestas, en un diálogo en el que se van resolviendo los malos entendidos y en donde nadie tiene la última palabra. Este dialogo o juego de observaciones puede entablarse, por ejemplo, en la terapia de psicoanálisis, entre maestr@ y discípul@, entre dos amig@s, en las parejas de espos@s, novi@s, amantes; también entre generaciones distintas como padres e hij@s y todas las demás que se te antoje incluir.

¡¡Cuántos matices!!, cuántas metamorfosis y actitudes sorpresivas pueden surgir de estos diálogos: confianza-desconfianza, sadismo-masoquismo, amor-odio, alegría-tristeza, son sólo algunos ejemplos de lo que puede salir a relucir como parte de nuestro propio ser... y viceversa. Así, con el paso del tiempo podemos observar que todas esas posibilidades, en el bien y en el mal, han estado dentro de nosotr@s esperando sólo su momento para salir a la luz, a veces directamente en forma de acciones y en otras oportunidades en forma de pensamientos y sentimientos que tal vez no llegamos a poner en práctica…pero están ahí dentro.

Virginia Woolf tenía clara la importancia de este juego de observaciones. En ese maravilloso ensayo que tituló ‘Una habitación propia’, propone que aprendamos a explorar tanto nuestra alma como la ajena y recomienda reírnos sin amargura de las peculiaridades del otro sexo, agregando esto que no puedo pasar por alto: Porque todos tenemos detrás de la cabeza un punto del tamaño de un chelín que nosotros mismos no podemos ver. Es uno de los favores que un sexo podría hacerle al otro: el describir ese punto del tamaño del chelín que todos tenemos detrás de la cabeza. Pensad qué útiles les han sido a las mujeres los comentarios de Juvenal, las críticas de Strindberg. ¡Recordad con cuánta caridad y brillantez, desde los tiempos más antiguos, los hombres les han indicado a las mujeres este punto oscuro que tienen detrás de la cabeza!... No se podrá pintar un auténtico retrato de conjunto del hombre hasta que una mujer no haya descrito este punto del tamaño de un chelín (…¡¡¡y viceversa!!! alegarán con razón los hombres). Woolf aclara que su propuesta no es la de burlarse o ridiculizar al otro sexo, se trata más bien de un ejercicio espontáneo de parresía que ella resume así: Di la verdad…y el resultado será forzosamente de un interés sorprendente. Forzosamente se enriquecerá la comedia. Forzosamente se descubrirán nuevos hechos.

¿A dónde te quiero llevar con todo este asunto? Realmente, no sé a dónde tendrás deseos de llegar Vos a estas alturas de mi propuesta, pero ya que estamos en esto te voy a contar a dónde me han llevado a mí estos juegos de mutua observación. Con el tiempo he comprendido la profundidad e importancia de esta cita de Erich Fromm:

La esencia misma del humanismo, la idea de que toda la humanidad está en cada uno de nosotros, se encuentra en el Renacimiento y antes de él, pero Goethe la formuló muy claramente: ‘Los humanos llevan dentro de sí no sólo su propia individualidad, sino a toda la humanidad con todas sus potencialidades’. Freud ha trasladado en cierta manera a la práctica esta idea humanista de Goethe: todo el psicoanálisis (es decir, el intento de entender lo que es inconsciente en otra persona) presupone que lo que detectamos en el inconsciente de otro está vivo en nosotros mismos. A menos que todos seamos un poco locos, seamos un poco malvados y un poco buenos, a menos que todos llevemos en nosotros mismos todas las posibilidades, buenas y malas, que existen en el humano, ¿cómo podríamos comprender el inconsciente, el contenido no convencional, no oficial, de la mente de otra persona? (Estoy hablando, por supuesto, de comprenderlo, y no de interpretarlo de acuerdo con el manual.).

Y me parece que esto lo tenía claro Borges, quien en un intenso y bello prólogo que escribió para el libro que reúne los ensayos de Thomas Carlyle ‘De los Héroes’ y de Ralf W. Emerson ‘Hombres representativos’, cuenta que Emerson admira a los héroes: …como ejemplos espléndidos de las posibilidades que hay en todo hombre. Píndaro es una prueba, para él, de mis facultades poéticas; Swedenborg o Plotino, de mi capacidad para el éxtasis. “En toda obra genial”, escribe (Essays, I, 2), “reconocemos pensamientos que fueron nuestros y que hemos rechazado; vuelven con cierta majestad forastera”. En otro ensayo observa: “Diríase que una sola persona ha redactado cuantos libros hay en el mundo; tal unidad central hay en ellos que es innegable que son obra de un solo humano omnisciente”….Bastan las líneas anteriores para fijar la fantástica filosofía que Emerson profesó; el monismo…Quienes profesan tal doctrina suelen ser hombres desdichados e indiferentes, ávidos de anularse en el cosmos; Emerson era, pese a una afección pulmonar, instintivamente feliz>>.

Y es que dialogando, observando y siendo observada por otras personas, he podido encontrar en mi y en l@s otr@s tantas caras, tantas posibilidades de acción y reacción…¡¡ tantas metamorfosis!!, que a estas alturas ya no me resulta difícil comprender por qué esta frase de Terencio era la preferida de Marx: soy humano, nada humano me es ajeno. Tzvetan Todorov al referirse al encuentro entre europe@s y american@s dice:

Al mismo tiempo que obliteraba la extrañeza del otro exterior, la civilización occidental encontraba que tenía al otro interior. Desde la época clásica hasta el final del romanticismo (es decir hasta nuestros días), los escritores y los moralistas no han dejado de descubrir que la persona no es una, o incluso que no es nada, que yo es otro, o una simple cámara de ecos. Ya no creemos en los hombres-bestias del bosque, pero hemos descubierto a la bestia en el hombre, ‘ese misterioso elemento del alma que no parece reconocer ninguna jurisdicción humana pero que, a pesar de la inocencia del individuo al que habita, sueña sueños horribles y murmura los pensamientos más prohibidos’ (Melville, Pierre o de las ambigüedades, IV, 2). La instauración del inconsciente se puede considerar como el punto culminante de este descubrimiento del otro en uno mismo

Se atribuye al Rey Luis XIV de Francia la frase: El Estado soy yo. Creo que hoy ganaríamos muchísimo si cada ser humano lograra observar las posibilidades latentes en sí mism@ y en l@s otr@s, tanto en el bien como en el mal, y pudiera afirmar con convicción: La Humanidad soy yo… y vos también…¡¡por supuesto!!.

 

 

   
         
 

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