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“Viejo Tortoni”... |
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| “Viejo Tortoni”, por el Dr. José Maquínez | ||||
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Cuentan que finalizada la guerra civil española (1936-1939), un viejo intelectual republicano debió emprender el duro camino del exilio. Dicen que no dudó en escoger el destino de su desarraigo: Buenos Aires. “Es que Buenos Aires tiene tantos cafés y bares como Madrid” fue su lacónica y decisiva afirmación. El Madrid de los últimos 150 años, tuvo bares literarios por donde pasaron los más destacados y profundos escritores. El Lyon D’ior (cerrado en 1994) sobre la calle de Alcalá Nº 59 es uno de ellos. Allí acudían el granadino García Lorca, el filocomunista José Benjamín y el ministro republicano Sánchez Ramón manteniendo largas tertulias; en otra reunión en la planta baja del mismo local departían José Antonio Primo de Rivera, Agustín conde de Foxá y sus acólitos, demostrando convivencia entre republicanos y falangistas. El Café de la Montaña en la Puerta del Sol, junto al nacimiento de la calle de Alcalá, ubicado en los bajos del Hotel París, fue testigo de interminables contiendas literarias a las cuales concurrían entre otros el pontevedrés del Valle Inclán, el pintor Paco Sancha y el cronista Manuel Bueno. Aquí perdió su brazo del Valle Inclán en una disputa, a raíz de las secuelas de un bastonazo entre tantas discusiones acaloradas. El Café Gijón fundado en 1888, de la calle Recoletos Nº 21, el único que sobrevive, contó con tertulianos de gran significación y relieve, como José Canalejas, Pio Baroja, Benito Perez Galdós, Ramón y Cajal, Jacinto Benavente. Este es el café más conocido de todos los existentes en Madrid. Nuestro Buenos Aires no le fue a la zaga en cuanto a cafés literarios se refiere. Los Inmortales de la entonces Corrientes angosta fue testigo de encuentros entre Alfredo Palacios, Evaristo Carriego y el siciliano nocherniego José Ingenieros. También cobijó a Florencio Sanchez y Roberto Pairó entre otros. La Richmond de Florida Nº 468, abrió sus puertas en 1917 y por sus mesas pasaron Borges, Horacio Quiroga, Ricardo Guiraldes. Las damas de familias inglesas aquí tomaban el té de las 5 de la tarde. Los hombres de Boedo recalaban en el Bar Japonés de San Juan y Saenz luego de las reuniones en la librería de Munner y seguían departiendo hasta altas horas de la noche. Allí estaban Oliverio Girondo, Nicolás Olivari, Gonzalez Tuñón. Los cafés que afloraron con el nacimiento y apogeo del tango también son una referencia importante de la identidad cultural de Buenos Aires. Tomando a Corrientes como eje –segmento Callao/Esmeralda- los bares de tango aparecieron por doquier. El famoso Café Rafetto, frecuentado por Pascual Contursi, el Iglesias al 1500 de la avenida. Roberto Firpo estrenó aquí La Cumparsita luego de haberlo hecho en La Giralda de Montevideo; El Café Domínguez, -donde el cuarteto bravo de Graciano de Leone tuvo larga actuación en su palco- vecino del Iglesias, ubicado en Corrientes 1537 e inmortalizado por un grande aún no del todo reconocido: el poeta lunfardo nacido en Parma, Julián Centeya “Era el imán que atraía, como el alcohol atrae a los borrachos, Café Domínguez, de la vieja calle Corrientes que ya no queda”. Menciono también al Tango Bar de Corrientes 1269, hermano y vecino del Marzotto, otro bar famoso. El Germinal de Corrientes y Talcahuano, que tenía a la orquesta de Pichuco como principal protagonista. Aquí debutó Piazzola en 1939 como bandoneonista de Troilo. Di Sarli con su sexteto lo hizo en 1930. Era la época de esplendor de las orquestas típicas y en donde los “motormans” a pedido de los pasajeros paraban los tranvías para escucharlas. El Nacional, de Corrientes 974 fue de los últimos. En este lugar actuó Pugliese hasta diciembre del 52, fecha en que decretaron la defunción de este símbolo gastronómico de Buenos Aires. Cuanta razón tenía aquel viejo republicano español referida a los cafés de Buenos Aires. Cuantas referencias a estos lugares en las mágicas letras de los tangos, contenidas en la filosofía de Cafetín de Buenos Aires…”sobre tus mesas que nunca preguntan…” Hoy Buenos Aires luce orgullosa la restauración del Café de los Angelitos de Rivadavia y Rincón, la recuperada Confitería Las Violetas en Almagro, Los 36 Billares de la Avenida de Mayo, El Café Oviedo allá en Mataderos, el legendario Británico en Brasil y Defensa, la antigua L’ Aiglon, en Congreso, Clásica y Moderna en Avenida Callao, El Gato Negro de calle Corrientes y tantos otros que confirman la tradición cafetera y bohemia de Buenos Aires. Hoy, el café más emblemático es sin dudas El Tortoni de la Avenida de Mayo. Fue fundado en 1858 por el ligur Oreste Tortoni. Testigo de contiendas literarias a las que acudían entre otros y en diversas épocas, Borges, Alfonsina Storni, Juan de Dios Filiberto, Carlos de la Púa (el de la Crencha Engrasada). Quinquela Martín expuso sus pinturas en su bodega. Hoy debe ser el lugar privado más visitado de Buenos Aires. Los turistas se agolpan para disfrutar de su salón, sus mármoles, su mobiliario, sus vitreaux y su bodega. En 1929 Baldomero Fernández Moreno le escribe: “A pesar de la lluvia yo he salido a tomar un café. Estoy sentado bajo el toldo tirante y empapado de este viejo Tortoni conocido”. Pero hay otro “Café Tortoni” menos conocido y es el que ilustra la foto. Lo descubrí en La Coruña (España), en el noroeste de la península. Se encuentra ubicado frente a la iglesia de San Nicolás, en plena ciudad vieja, entre la calle de San Nicolás y la calle Real, la principal arteria de la ciudad medieval. Es un café simpático, muy coqueto y revestido en su interior por la típica piedra gallega. Fue inaugurado según un camarero en 1997. Nadie da explicaciones acerca del porqué del nombre. Por ahí alguien atinó a decir que los propietarios eran sobrinos del dueño del Tortoni de la lejana Buenos Aires. Nada más. Silenzio stampa Les cuento algo de La Coruña, ampliando mi artículo anterior. Esto es Galicia. La Coruña es capital de la provincia del mismo nombre y es una ciudad que tiene 250.000 habitantes. Muy limpia y nula contaminación sonora; calidad de vida que le dicen. La Torre de Hércules es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. Es un faro de estilo románico que para llegar a su cúspide se necesitan escalar 242 peldaños. Y es el más antiguo del mundo en funcionamiento. La plaza principal es la del Ayuntamiento con el monumento a María Pita, la heroína mayor del pueblo coruñés, quien hirió de muerte al capitán de las fuerzas invasoras inglesas y con ello provocó su retirada hacia principio del siglo XVI. Se la conoce como la Ciudad Cristal por los múltiples miradores que presentan en sus fachadas numerosas casas del siglo XIX. A su llegada al puerto los barcos divisan la gran cantidad de cristaleras que ostentan sus balcones. Me sorprendió Vigo con Gardel, me sorprende El Tortoni de La Coruña. Mañana parto para Madrid. No se con lo que me encontraré. Me han dicho que hay unas milongas bárbaras. Otro día les cuento. Pepe Marquínez. Bibliografía: Diario Clarín del 24/4/1994 y 7/3/1999 Letras de tango: José Gobello El libro del Tango: Horacio Ferrer Los café de Buenos Aires: Bossio, 1995 |
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